Más lecciones del mundo para el ego de los argentinos

0
11

Los niños rescatados de la cueva en Tailandia y el triunfo de la Selección de Croacia

Al rescate de los niños en Tailandia cuyos asombrosos últimos detalles no dejan de sorprender hay que sumar, como una nueva lección del mundo para los argentinos, la manera en que el seleccionado de Croacia le ganó ayer a Inglaterra, en un tiempo extra que parecía interminable.

Antes de hacerlo quiero detenerme en una foto que ayer se hizo viral y compararla con una noticia que hoy aparece y que provoca cierta tristeza. La noticia dice: en la provincia de Río Negro, faltan médicos y convocan a profesionales venezolanos para cubrir vacantes en zonas alejadas de los centros urbanos.

El estado provincial ofrece 80 mil pesos para quienes acepten el trabajo en los distritos más alejados y un mínimo de 40 mil en las ciudades con menos habitantes.

Y la foto de los niños tailandeses haciendo la V de la victoria en un hospital público también habla, y mucho. El establecimiento no es lujoso, pero todo allí denota mucho cuidado y ni el más mínimo nivel de precariedad, un concepto que bien puede aplicarse a la salud pública pero también la privada en la República Argentina.

No propongo cambiar de nacionalidad y volverse tailandés o croata, en la mitad de la vida. Solo sacar la cabeza del agujero narcisista en el que estamos metidos los argentinos y husmear, de vez en cuando, en los buenos ejemplos que nos ofrece el mundo.

Sin hacer demasiado aspaviento, hay que decir que Croacia, el mismo conjunto que ganó 3 a 0 a la Argentina en el partido de la primera ronda que nos sirvió de cachetazo de realidad frente a tantas especulaciones, tiene sacrificio y espíritu de equipo, pero además, la mayoría de sus jugadores, poseen un nivel técnico superior a la media de cualquier seleccionado.

El caso emblemático es Luka Modric, quien jamás dejó de correr, de manera racional, y al mismo tiempo jugar en forma exquisita. Ah, Modric también es humano: erró un penal contra Dinamarca, pero a nadie se le ocurrió colgarlo en una plaza pública.

Volviendo al profesional y no milagroso salvataje de los niños y su entrenador en Tailandia, en las últimas horas, el equipo de rescate se ocupó de divulgar datos reales y no de ciencia ficción, de cómo hicieron los chicos para salir sanos y salvos. No nadaron ni bucearon. Tampoco caminaron en los tramos secos: fueron cargados en camillas.

Durante la mayor parte del trayecto flotaron, y los tuvieron que sedar, para evitar un ataque de pánico. Parece que el trabajo más intenso y efectivo, además de los rescatistas, lo hicieron las bombas de extracción de agua. Eso permitió acotar a solo 350 metros el tramo de agua, sobre los 4 kilómetros que había entre el lugar donde estaban atrapados y la salida.

Sigo leyendo los diarios y me detengo ahora, como si fuera un corresponsal extranjero, en las páginas de la política local argentina. Recomiendo fervorosamente el ejercicio de contraste. Sirve para bajar al nivel de la tierra en pocos segundos.

En nuestro país, la dirigencia política discute sobre la legalización de aborto sin escuchar al otro, y el intento del Gobierno de lograr un acuerdo para ordenar mínimamente la economía parece tener un seguro destino de fracaso. Es que los que debieran poner sobre la mesa la parte que van a ceder para beneficio de todos, están más preocupados en debilitar al que tienen al lado, porque consideran que es el único camino para ganar en las elecciones del año que viene.

No quiero repetir el latiguillo ultrapesimista de que los argentinos no tenemos remedio. Solo intento poner sobre la mesa le pequeñez de nuestro enorme ego nacional.

ESCUCHÁ A LUIS MAJUL EN RADIO BERLÍN