LA REVOLUCIÓN EDUCATIVA por Miguel Mancuso

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La revolución educativa que sueño no hay que hacerla con presupuesto, con computadoras. Tiene que ser una revolución de ACTITUD. El niño no puede elegir a menos que el maestro le enseñe opciones. Tenemos que volver a enseñar.Tenemos que volver a ser la ESCUELA QUE ENSEÑA.

No dudo que la mayoría de los docentes se van a sentir reconfortados, porque en la actitud anterior hubo una especie de desprecio al docente.
Y los que más nos han menospreciado en los últimos 30 años son los padres de los chicos. Antes respetaban a la institución escolar, a los maestros.
Hoy apoyan todo movimiento contra los docentes y los colegios, como ha pasado con las tristes vueltas olímpicas, el primer día del último año de secundaria etc. . Los padres, en lugar de respaldar al director, apoyaron a sus hijos, que se habían comportado como vándalos.
El vandalismo tal vez existió siempre, lo que cambió es la actitud de los padres…
Todos alguna vez hemos tirado una tiza. Pero antes la maestra llamaba a los padres y éstos le daban un coscorrón al chico delante de la maestra.
Y todo esto tiene que ver con el relativismo y la permisividad de la sociedad contemporánea.
Hemos perdido la jerarquía de los valores. Suena mal la palabra autoridad, porque se la confunde con autoritarismo.
La diferencia es que al autoritarismo no se lo discute y a la autoridad sí.
Yo quiero entrar en el aula y decir hoy vamos a estudiar , sin hacerme el payaso, como viene sucediendo pretendiendo conquistar a los chicos ( No somos un Circo , ni un supermercado de ofertas como quieren hacernos ser los dichosos Licenciados en Ciencias de la Educación).
Ellos nunca van a querer estudiar gramática, ni por más que uno use metodologías extrañas y atractivas.
Yo no puedo preguntarles: ¿Qué prefieren: la escuela o ir a jugar a la pelota?

No me cabe ninguna duda que la educación no puede ser placentera. Si yo fuera ministro de Educación sacaría carteles en las calles para destruir ese mito.
Muchachos: ir a la escuela no es placentero. Pero sin eso no pueden adquirir conocimientos, cultura, saber.
Yo tengo que advertirle al alumno: Vas a encontrar cosas que te gustan porque encajan con tus vocaciones y hay otras que las tenés que estudiar sí o sí, te guste o no, porque a la sociedad no le gusta, por ejemplo, que escribas con faltas de ortografía. La revolución educativa consiste en dejar de engañar a los chicos. Decirles la verdad. Nuestra juventud está resentida por todas las mentiras que ha recibido de sus mayores: mentiras políticas, mentiras económicas y también mentiras culturales.

Y en cuanto a estas últimas se les ha dicho “vos vas a poder hacer lo que quieras”. Toda esa permisividad es mentirosa.
Los terribles aplazos de alumnos en los ingresos a las universidades y en los primeros años se producen porque no hubo una previa educación para el esfuerzo.
La sociedad argentina no toma conciencia de las contradicciones de sus mensajes.
Si uno pregunta: “¿Quiere usted que su hijo conozca algunos poemas de Borges, o cuentos de Horacio Quiroga, Marco Denevi?”, los padres van a responder que sí.
Pero si se les dice que los lean en su casa con usted, dicen: “Ah, no, así no”.
La escuela no es placentera, no es fácil, hay que trabajar, hay que hacer tareas en la casa. Un poco de tarea sábado y domingo no va a envenenar a nadie.
Mientras no cambiemos estas cosas básicas seguiremos destruyendo generaciones de argentinitos.

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