“La paternidad sería mucho más fácil si mi marido y yo nos divorciáramos”

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Creo que deberíamos divorciarnos“, dije mientras pensaba lo que sería sentarse durante más de treinta segundos sin escuchar a nadie gritar.

“¿Qué?”, me contestó mi marido. La confusión, seguramente ligada a la irritación, se plasmó en las arrugas de la mitad de su frente.

Un divorcio garantizaría un descanso para ambos, al menos cada fin de semana o incluso más, piénsalo“, dije.

“Estás loca”, me replicó.

Tal vez, pero no estaba bromeando. Mis amigos divorciados tienen más tiempo para ellos y hacen lo que nunca hicieron cuando estaban casados. Un contrato, decretado por la corte, les garantiza cuatro días (o más) sin hijos… o sin cónyuge. Suena como una especie de escapada a Tahití. ¿Dónde hay que inscribirse?

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Amo a mis hijos, pero criar a dos diablillos menores de cinco años deja muy poco tiempo al descanso. Estoy en pie desde el primer segundo en que abren sus ojos y durante las siguientes quince horas. Se pelean por todo, desde quién ha roto el juguete de Dory o quién agarra la porción de corteza de mi sándwich de pavo. Es continuo.

El divorcio me daría al menos un día o dos para dormir, sanear mi cabeza y recuperarme de la maratón que supone la crianza. No habría objeciones ni sorpresas porque tendría un documento oficial que diría: “Es tu turno, estoy fuera este fin de semana”.

Incluso cuando mi marido y yo estamos en casa es agotador. Dicen que se necesita un pueblo entero para criar a un niño, pero en nuestro hogar también es necesario un cargamento de Red Bull y 12 tazas de espresso.

Mi marido no trabaja un horario típico de 40 horas. No es raro que salga a las 7.30 de la mañana y llegue a casa después de que los niños se hayan ido a la cama. De muchas manera actúo como una madre soltera. El día que él está en casa se pueden hacer muchas cosas: arreglar el jardín, ir al supermercado o hacer excursiones con los niños. No tenemos tiempo para nosotros, ya sea juntos o cada uno por su lado.

Tampoco tenemos a la familia cerca para que pueda ayudarnos o quedarse con los niños en alguna fecha señalada. Teniendo en cuenta que nuestros hijos son incontrolables no se puede confiar en cualquier niñera. Si ellos han estado a punto de tirarnos zapatillas por la cabeza o escapar como Forrest Gump, imagínate qué harían, durante pocas horas, con alguien que no es de su misma sangre. El riesgo no compensa.

Así que nuestras opciones son bastante limitadas, y el divorcio parece tener algunos beneficios. No soy tonta ni egoísta.

Según un estudio publicado por la revista Demography, la felicidad y la paternidad tienen una relación científica. El estudio reveló que antes de tener hijos y durante el embarazo, la gente era muy feliz, ¿pero después? Pues no tanto. La paternidad sobrepasó otros capítulos importantes de la vida, como el divorcio o el desempleo, y bajó posiciones en la escala de la felicidad. Quizás si más padres tuvieran la oportunidad de recuperar el aliento, volverían las auténticas sonrisas. Lo aseguro.

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La investigación también muestra que el divorcio no es tan traumático para la mayoría de niños. Es obvio que esa situación provoca algunas consecuencias y se requiere de un período de adaptación. Pero los niños se recuperan. Un estudio realizado hace veinte años, realizado por la psicóloga Constance Ahrons y publicado en su libro We’re Still Family (Aún somos familia), observó que cerca del ochenta por ciento de los niños se adaptan bien tras el divorcio, no tienen efectos negativos en la escuela, ni en la vida social ni de la salud mental.

El experto en desarrollo infantil y profesor de la Universidad de Cambridge, Michael Lamb, analizó miles de investigaciones que se habían hecho en las últimas cuatro décadas. El estudioso concluyó que los niños se portan bien cuando sus padres o sus cuidadores también lo hacen. Pero esos padres no necesariamente necesitan casarse o vivir en la misma casa.

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Entonces, ¿qué tienen que hacer los padres que, como yo, necesitan un descanso? Acabar con el matrimonio podría ser la respuesta. Aunque pienses que el divorcio no hace a la gente más feliz, un estudio reciente asegura que, aunque es difícil, vale la pena para algunas personas.

Aunque estoy desesperada por mi tiempo, no creo que yo sea una de esas personas. Quizás sienta algo de envidia por los divorciados que ahora son más felices, pero soy una mujer comprometida con mi marido y con mis hijos. No necesito un divorcio. Necesito un descanso. Y hay formas mejores de conseguir tiempo para uno mismo.