La Fuerza Aérea la expulsó en 1955 por ser lesbiana: ahora busca cerrar ese capítulo a su 90 años

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(Lydia Davenport)

Los barracones estaban llenos de susurros y rumores ansiosos, pero se suponía que no había nada incriminatorio en abandonar la base aérea por un sándwich.

El viernes por la noche en 1955, la aviadora Helen Grace James y otra miembro del servicio femenino dejaron la base después del trabajo para cenar en un pueblo cercano. El lugar estaba demasiado lleno para sentarse, así que después de conseguir la comida, las dos condujeron la zona boscosa al sur, donde Hempstead Harbor toca con Long Island. Encontraron un lugar tranquilo para comer. James apagó el motor. Estaba buscando un sándwich cuando las luches de la linterna encendieron el interior del automóvil. La policía. Habían sido seguidas.

Nos preguntamos qué estábamos haciendo“, dijo recientemente James a The Washington Post.

En pocos días, James fue arrestada y sometida a horas de interrogatorio humillante. Las preguntas fueron tan duras y desagradables que ella tuvo que correr a la letrina porque se sentía fatal. Finalmente, después de que el interrogador la amenazara con ir a por su familia, James cedió. Ella dijo que firmaría lo que quisieran.

Su carrera militar había terminado cuando escribió su nombre en el documento. El 3 de marzo de 1955, James recibió una descarga “indeseable” de la Fuerza Aérea.

La experiencia no fue aislada sino parte de un capítulo más de la historia de Estados Unidos. Ella fue sometida a una investigación militar porque era lesbiana. Si ella era lesbiana, el ejército de Estados unidos no la quería con uniforme. Mucho antes del “no preguntes, no cuentes”, en una época llena de paranoias durante la Guerra Fría, el gobierno y el ejército sistemáticamente despojaron a miembros del servicio al igual que James.

Era una época conocida como “Terror lila”.

James pasó una vida muy exitosa después de su experiencia militar. Pero nunca se liberó por completo de sus vivencias. Ahora, a los 90 años, y viviendo en California, ella está luchando para corregir el error histórico con una demanda federal contra la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. La demanda pide al tribunal que mejore su licencia a “honorable”, restaurando así los derechos y el honor de esta mujer y que se le considere una veterana.

“La dejó herida por el resto de su vida”, dijo el abogado de James, J. Cacilia Kim, en una entrevista con The Washington Post. “Ha sido tratada como una ciudadana de segunda clase”, remarcó.

La oficina de prensa de la Fuerza Aérea se negó a comentar nada sobre la demanda actual.

La caza de brujas anti-gay corría paralela a los temores de la infiltración comunista. El senador republicano de Wisconsin Joe McCarthy lanzó el “Temor rojo” en 1950 cuando anunció públicamente que había 205 comunistas trabajando en el Departamento de Estado.

(Lydia Davenport)

Simultáneamente, McCarthy también dijo que había 91 homosexuales dentro de la misma agencia. Tal y como escribe William N. Eskridge Jr. en su libro Dishonorable Passions siguió “una corriente constante de retórica bipartidista que asociaba la homosexualidad con el comunismo: ambas eran coaliciones secretas y mundiales de extraterrestres que maquinaban para destruir a Estados Unidos y socavar los valores familiares”.

Dentro del ejército de Estados Unidos, el sentimiento anti-gay se envolvió en la lógica del “riesgo de seguridad”. Los miembros homosexuales del servicio eran susceptibles al chantaje y tenían que ser eliminados, según creía el gobierno. Se ordenó a los miembros del servicio que informaran sobre “actos manifiestos de homosexualidad” entre sus compañeros soldados. “Entre 1950 y 1965, las fuerzas armadas separaron entre dos mil y cinco mil personas como homosexuales sospechosos”, según escribe Eskridge. “La tasa fue mucho mayor para las mujeres que para los hombres”, agrega.

La mayoría, como James, solo quería servir a su país. Ella creció en una granja lechera situada al noreste de Pensilvania. “Ordeñé vacas, manejaba un tractor, ayudaba a cosechar, trabajaba en un establo de caballos, incluso lo hacía cuando era niña“, recuerda. Era una comunidad pequeña. “Todos se conocían entre todos. En mi clase de graduación solo éramos 17 alumnos”, relata.

La tradición militar estuvo dentro de la familia. El bisabuelo de James era un soldado del Ejército de la Unión durante la Guerra Civil. Su padre sirvió en la Primera Guerra Mundial. Mientras crecía, y mientras la Segunda Guerra Mundial se desarrollaba en el extranjero, vio como sus primos y sus tíos se marchaban. Algunos no volvieron igual. “Mi primo, con el que crecí, estaba en la Batalla de las Ardenas y llegó para ingresar en un hospital psiquiátrico. Nunca más volvió a salir. Siempre había pensado que el ejército era algo muy importante y serio”, relata.

James explicó recientemente que, de una manera tenue, ella sabía que era lesbiana. Fue a la edad de 2 años, cuando le dijo a su madre que quería que la llamaran “Jim”.

“Me compraban muñecas y otras cosas para Navidad y yo se las daba a mi hermana”, declaraba. Hubiera preferido tener un camión o jugar al baloncesto y al hockey. Más tarde, se enamoró de una estrella de cine. “Ni siquiera sabía lo que era una lesbiana. No supe de ese término hasta más tarde. Simplemente no hablaba de eso”, comenta.

Y en la granja, con su familia, eso no importaba. “Nos amábamos unos a otros. Ese fue el único lugar donde realmente me sentía segura y cómoda“, admite.

Después de obtener un título universitario y pasar unos años como docente, en 1952 James se inscribió en la Fuerza Aérea. Fue una buen fichaje. Conocer gente de diferentes partes del país hizo que los lugares de los que había oído hablar, como California, se convirtieran en algo real y sustancial. “Fue emocionante”, dijo.

James finalmente fue destinada a la base de la Fuerza Aérea de Roslyn, en Long Island. Ella era una operadora de radio; la posición implicaba contactar cada base militar en la costa este, cada hora. La comunicación fue parte de la defensa del país contra el ataque desde el exterior. Ella era buena en su trabajo y logró un ascenso como jefa de quipo.

Pero en 1955, los rumores comenzaron a expandirse en los barracones. La Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea supuestamente estaba peinando las filas de los miembros homosexuales del servicio. James y otras dos lesbianas de la base comenzaron a sospechar que sus habitaciones estaban siendo inspeccionadas y que estaban siendo seguidas fuera de las horas de trabajo. Luego, las tres fueron arrestadas e interrogadas sobre su sexualidad.

“Cuando amenazaron con ir a por mis padres, simplemente lo confesé”, dijo. Después de firmar su renuncia, James tuvo que esperar dos semanas en la base antes de que pudiera irse. Todos sus compañeros sabían por qué se iba. Un día descubrió que alguien le había cortado los botones del uniforme. “Así es como te deshonran, no puedes utilizar tu uniforme, no puedes pertenecer al ejército de Estados Unidos”, lamentaba.

Después de su paso por la Fuerza Aérea, James obtuvo títulos avanzados en fisioterapia de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Stanford. Ella sentía que no podía volver a casa. “Tuve que alejarme. No podría estar cerca de mi familia y mis amigos. No podía estar en la misma zona con esa vergüenza“, expresaba.

En 1972 comenzó a enseñar en el programa de terapia física de la Universidad Estatal de California en Fresno. En 1989, entró en la práctica privada. Durante su carrera, ella había publicado investigaciones respetadas y había trabajado con atletas olímpicos. A pesar de los puntos culminantes profesionales, su deshonra continuó afectando su vida. Ella no podía pagar su educación con el G.I. Bill. Más tarde, se le negó la cobertura médica de USAA. En la década de los sesenta, ella aplicó con éxito para actualizar su licencia de “indeseable” a “general en condiciones honorables”. Sin embargo, sin la distinción de “honorable”, se le impide recibir beneficios.

Eso también significa que cuando fallezca no puede ser enterrada con honores ni en un cementerio nacional.

El año pasado, cuando se acercaba a los 90 años, James decidió solicitar oficialmente la actualización por parte de la Junta de la Fuerza Aérea para la Corrección de Registros Militares. Sin embargo, la Fuerza Aérea le hizo saber que sus registros fueron destruidos en un incendio en la década de los setenta. Ante esta situación, los militares habían dejado su reclamo en el limbo. En noviembre, la junta le dijo a James que habían llegado a una decisión, pero dijeron que no podían divulgarla hasta que no fuera firmada por el director ejecutivo de la junta. La decisión aún no ha sido anunciada. Entonces, James acabó por archivar su demanda.

Para ella, ese cambio no solo es una manera de conseguir más beneficios. Es una reivindicación. Hace más de 60 años, los militares le dijeron que no era apta para llevar un uniforme por su condición sexual. Esa discriminación fue el motor de su éxito. La actualización es la última pieza.

“Fui a Stanford, fui profesora en Fresno. Tenía pacientes, amigos, estudiantes de los que había aprendido mucho. He hecho todo esto porque me han empujado a hacerlo. Tengo que hacer todo lo que pueda para demostrar que soy una buena persona. Todavía no estaba completo“, remarca.