EL JURAMENTO DE LOS HIPÓCRITAS por Pablo Enrique Delgado

0
1049

Ese “loco” de Diógenes de Sinope se aparecía lámpara en mano por las calles de la antigüedad buscando a un hombre honesto.
Tenía apenas un par de pertenencias, entre ellas un tazón. Un día, mientras paseaba, vio a un niño beber agua recogida con sus propias manos… entonces se deshizo del tazón.
Hipócrita quien consume cocaína y luego se manifiesta en público repudiando a una banda narco, aunque los videos de sus delitos estén en la justicia pero, hipócrita, los ignora pues “poderoso caballero es don dinero” (Francisco de Quevedo).
Quien viola a una menor de padres adinerados, pero arreglan las cosas extrajudicialmente para que la vergüenza no se haga pública, aunque se les conozca, y los intereses del poder de turno hagan de favores a ambas partes.
Hipócrita la mujer de clase media alta embarazada de su amante que aborta con la complicidad de su marido y del médico asociado, y más tremendamente hipócritas cuando ellos son de los que manifiestan sorprendidos cómo “esas negritas se embarazan para después cobrar una asignación familiar”.
Vergüenza cuando dicen que estamos progresando pero compran sus dólares a más no poder para sacarlos del país.
Hipócritas los políticos que nos hablan de soluciones que nunca se concretan acusando gestiones anteriores.
Al igual que sus socios, amigos o ellos mismos construyendo canales clandestinos en los grandes campos para evitar lo que el agua de todas maneras les ajustició.
Hipócritas pues todos sabíamos que el agua permanecería retenida hasta que en los Municipios de aguas abajo se termine de levantar la cosecha, oficialismo y oposición… hipócritas. Y con su merca, sus niñas vejadas, sus filmaciones en las que aparecen orgiásticamente.
Hipócrita el juez que sabe de leyes pero no de justicia. Pues quien evadió impuestos por centenares de miles será salvo tras mera multa, cuando al que hurtó una gallina para comer es sometido al vejamen de los perversos de la toga.
Hipócritas quienes se desinteresan por sus hijos dejándolos a la suerte de la calle para luego reclamar por la inseguridad. Quienes van a un templo frecuentemente cual ovejas para luego, seis días a la semana, dedicarse a la corrupción material y moral. Entran a sus templos de frente a sus dioses, pero se retiran dándoles la espalda.
Miserables quienes repudian la ayuda de un Estado hacia los carenciados pero le compran un auto de alta gama al líder religioso y donan una media para caridad.
Hipócrita quien debe cuidarte pero te vigila con sus cámaras de seguridad públicas, cual gran hermano. Ya no existe la libertad, todos nos encontramos en una libertad condicionada.
Hipócrita quien se inmiscuye en la educación por un puesto sin que le importe la docencia y quienes menoscaban al docente cuyo interés es que el alumno aprenda a pensar. Estamos próximos a que el pensar sea tratado sutilmente como un acto de peligro.
Hipocresía es cambiar a un tirano por otro tirano, para luego renegar de ambos y elegir a otro tirano, cuando en realidad lo que debemos hacer y, cobardes no lo hacemos, es terminar con la tiranía (de Mariano Moreno).
Hipócritas quienes nos someten y son parte de un sistema en el cual los pobres e indigentes son indispensables (y mientras más sean; mejor) pues sin ellos no se podrían pautar salarios míseros, condenando a seres humanos a la desesperada búsqueda de algún ingreso magro. Y lo son pues saben que así son las ecuaciones macroeconómicas, ya no del neoliberalismo, sino de la servidumbre moderna.
Hipócritas porque proclamaron “¡Libertad!” pues sabían que era muy caro mantener a un esclavo.
Hipócritas porque postularon al ideal de la mujer independiente y autónoma a sabiendas de que menor sueldo se le daría y que se abriría una nueva fuente de gran consumo. Y “Que compitan entre los siervos”. Para consumir.
Hipócrita postulado sobre quien más consume más tiene y quien más tiene es mejor.
Tan mentiroso como un campo inundado cuando debería estar produciendo. Nos dicen que somos dueños de nuestras propiedades pero nos convierten en esclavos de ellas.
Hipócrita es la caridad, aún con sus opulentas reuniones sin fines de lucro, sus desfiles de “vêtements de haute qualité ».
Recordemos que todo acto de caridad es autoritario pues se ejerce desde arriba hacia abajo. En cambio, todo acto solidario es democrático pues se ejerce de igual a igual.
Hipócritas, te imponen la caridad. Y no arrojo la primera piedra pues mis responsabilidades tengo. Es privilegio asumir y responder antes que someterse y callarse. Ello concede un derecho ético. Es muy pobre, tan pobre como para decírselo a los ojos a quien lo requiera.
La hipocresía ya no distingue clases sociales, trabajos o poderes. Se ha impuesto (caramba… ¡vaya coincidencia!). Con su juramento de silencio. De complicidad no escrita. De soberbia que los mancomuna. El juramento de silencio les da impunidad. Impunidad. Sutilmente se nos hizo jurar lealtad a una hipocresía.
Y toda hipocresía es una tiranía. Entonces… que su voz la resquebraje. Tal y como pretenden despertarlo estas palabras agitadas.

Pablo Enrique Delgado

Dejar respuesta