Corridas, bombas molotov y lealtad al “Pata” Medina: cómo fueron las horas previas a la caída del líder sindical

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(Martín Rosenzveig)

Entre la humanidad de Juan Pablo Pata Medina y el brazo de la ley hubo desde la madrugada hasta la tarde del martes un escudo hecho de personas. Fueron cerca de mil hombres y (menos) mujeres quienes respaldaron al líder de la UOCRA La Plata. Con palos, escudos, ladrillos, molotov, bombos, barricadas hechas con neumáticos ardientes, envión (como mínimo) etílico y lealtad al conductor, cortaron la avenida 44, entre las calles 4 y 5, para protegerlo de la inminente detención.

Pusieron al barrio -una zona céntrica de la capital de la Provincia, de edificios públicos, comercios y viviendas de estudiantes y familias- en estado de guerra latente. Y la lluvia de la tarde no hizo más que expandir el clima dramático.

Pero la guerra tenía un solo ejército. Ni un policía, ni bonaerense ni federal, se veía a 200 metros del edificio azul de la Unión de Obreros de la Construcción. La tensión era tal que la presencia de un agente uniformado podía ser el chispazo que detonara una bomba atómica. Sería ingenuo pensar que no había un pacto real de no agresión.

(Martín Rosenzveig)

“Si viene Gendarmaría ellos serán los responsables, puede haber dos o tres Maldonado”, tiró el Pata a la prensa, en vivo, en otra versión de su manera de escudarse: la dialéctica efectista contra una fuerza sospechada por la desaparición del joven Santiago en Chubut, que ya lleva 57 días.

Medina venía de estar en el balcón del edificio azul, como una deformación absurda del símbolo peronista. Primero les preguntó si estaban dispuestos a “abandonar esta lucha” y la multitud, muchos con camperas de Estudiantes pero sobre todo de Gimnasia, respondió un “no”rotundo e intenso. Y un par de horas más tarde cambió y le gritó a su escudo humano hecho de trabajadores que la cuestión tenía que ser “pacífica” y “democrática”. Abajo ardían los neumáticos y algunos de sus seguidores empapados y otros visiblemente ebrios gritaban y levantaban sus escudos azules (hechos con parte de barriles de poliuretano) entre el humo negro.

(NA)

Por eso cerca de las cinco y media de la tarde, cuando los voceadores de la UOCRA empezaron a gritar desde el balcón y desde la vereda que la gente tenía que “descomprimir”, la respuesta fue literal e inmediata. Como un tsunami empezó a correr el rumor de que llegaban los grupos especiales de las fuerzas federales y las mil personas echaron a correr, sueltas, hacia un lado y hacia el otro de la ciudad. Fue una estampida.

Los voceadores llegaron hasta las esquinas. “A descomprimir, a descomprimir que viene Gendarmería, dale, dale”, repetía uno que cruzaba la calle 5. El hombre frenó de golpe porque entre corridas y gritos y lluvia tres muchachos se mantuvieron firmes con su puesto de chori. El voceador los miró con cierto estupor. “Dale, che, ustedes también, dale, vuelen que se pudre”.

(Martín Rosenzveig)

Los fotógrafos de la prensa tuvieron que alejarse. “Guardá la cámara que te duermo”, le dijeron a uno de los reporteros gráficos. Los que corrían hacia calle 4, o calle 3, eran prevenidos sobre que “desde ese lado venía Gendarmería”.

“Nunca vimos algo así, mirá que estamos acostumbradas”, comentaron a Infobae dos vecinas, una rubia y una morocha, una empleada de la Policía Bonaerense (de civil), la otra estudiante. Las dos viven sobre 5 y contaron que el escudo humano del Pata comenzó a formarse cerca de la medianoche del lunes y ya a las 4 de la madrugada “había bastante gente” y “bastante agite”. A la primera hora de la mañana la cuadra estaba prácticamente llena. De personas y de botellas vacías.

“Este es el Principado del Pata, así le decimos nosotros”, ríe una mujer de unos 40 años que vive en el edificio de la esquina de 44 y 5. Los habitantes de la cuadra de la UOCRA conviven con las asambleas semanales (hasta hace dos años eran una vez por mes, cuentan), con los festejos de la Navidad, con pequeños recitales. Cada acto o evento que arma Medina ocupa la cuadra.

La sede de la UOCRA La Plata, sobre Avenida 44 (Martín Rosenzveig)

Lo toman con cierto humor, o resignación. Aunque también aclaran que a la gente que vive en los frentes de esa cuadra los muchachos de la UOCRA la tratan con respeto. “Anoche, por ejemplo, bajé a las cuatro de la mañana a pedirles que se calmaran con los bombos y todo bien, te dicen perdón, señora, y se calman. Un rato”, cuenta una de las vecinas.

“Es difícil vivir acá pero yo compenso. Me queda cerca de mi trabajo, es barato y, bueno, cada tanto se arma algún quilombito con la UOCRA”, comenta esta chica de un pueblo del interior de la Provincia, que llegó a La Plata hace ocho años y prefiere no dar su nombre por razones obvias. Ella vio desde su balcón que durante la madrugada aparecieron camiones que bajaron decenas de gomas de auto y escombros para armar las barricadas.

Cuando Medina pidió a sus subordinados que lanzaran el operativo de la descompresión, el rumor que llegaban Gendarmería y Policía Federal se amplió. Incluso circulaban por whatsapp videos del arribo desde la autopista. La Policía Bonaerense sabía del posible desembarco. El dato de que venían a “lo que pase” estaba. Y seguramente llegó a las orejas del Pata, quien cedió: una cosa es poner un ejército simbólico y con violencia contenida y otro es exponer cuerpos a un operativo policial impiadoso para resistir a una detención por una causa judicial personal.

(Martín Rosenzveig)

Mientras los hombres y mujeres corrían lejos de la UOCRA se pasaban el dato de que había que estar al otro día “a las 8”. Muchas mujeres salían sollozando, con cara de desesperación, y un par de varones tiraban bombas de estruendo sobre el asfalto empapado. Rápidamente, los que portaban escudos azules entraron a guardarlos al edificio del mismo color, donde segundos antes ya se había ido Medina en un auto hacia un lugar incierto. Un periodista de una radio le preguntó a uno de los hombres que custodiaban la puerta del edificio de la UOCRA sobre la llegada de Gendarmería. “Nosotros somos la UOCRA, no les tenemos miedo, que vengan”, respondió antes de ser censurado por un compañero, que le gritó “Ey, guacho, ¿qué sos, jefe de prensa? Cerrá el orto, vos”.

(Martín Rosenzveig)

Después de la “descompresión” un grupo de 20 hombres de la UOCRA limpió las barricadas y barrió las cenizas de los neumáticos y abrió el tránsito de la 44. Minutos más tarde aparecieron unos ocho patrulleros de la Bonaerense y un camión de bomberos para terminar de despejar las calles de basura y dejar todo listo al desembarco, ahora sí, de Gendarmería.

A esa altura de la tarde noche, el ejército humano se había desintegrado, los soldados de la UOCRA en su casa, y el Pata, que temprano había dicho que iba a “incendiar la Provincia” si lo detenían, ya estaba listo para firmar su entrega en su casa en Ensenada. Lo rodeaban cientos de policías y gendarmes, en un operativo digno de una película de Bruce Willis.

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