Con murgas, arte y música los vecinos volvieron a repudiar la presencia de Etchecolatz en Mar del Plata

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Alrededor de 300 vecinos del bosque Peralta Ramos se dieron cita el lunes por la tarde, a exactamente un mes de la llegada de Miguel Etchecolatz al barrio marplatense, para manifestarse a través de un encuentro cultural en el que hubo murgas, músicos, acróbatas y artistas.

Por primera vez y tras el nombre “Vecinos sin genocidas”, los habitantes de la reserva en la que desde el 29 de diciembre pasado vive el ex jefe de la División de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz, realizaron un repudio artístico contra el genocida.

“Como no queremos marchas agresivas creemos que esta es la mejor manera de repudiar y de luchar de alguna manera”, le explicó Paula Piriz, una de las organizadoras, a Infobae, sobre el evento que comenzó a las 16:00 con murgas que desde los distintos accesos al bosque comenzaron a caminar en dirección a la vivienda llamando a los vecinos.

A las 16:45 se realizó un ruidazo en los alrededores de la casa en la que hoy vive el ex policía, ubicada en Av. Nuevo Bosque entre Tobas y Guaraníes, la que estuvo desde temprano vallada y con custodia tanto de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, como de la Gendarmería.

A pesar del despliegue de las fuerzas de seguridad las actividades se llevaron a cabo casi en su totalidad en la plaza ubicada en la esquina de la casa, la que a través de un proyecto de los vecinos podría pasar a llamarse “Plaza de los lápices”, en referencia a la “Noche de los lápices”, uno de los capítulos más oscuros de la última dictadura militar, con el que Etchecolatz estuvo íntimamente relacionado.

Durante el festival fueron los mismos vecinos del bosque los que vendieron comida, hubo un espacio artístico dedicado a los más chicos y se pudieron ver también las presentaciones de la cantante de tango Patricia Malanca, acompañada por el guitarrista Gabriel Bartolomei, el grupo “Viva el progreso”, el trío “La Paloma”, el duo circense “Mano a mano” y el rap de “La cultura está en el barrio”, entre otras iniciativas.

“Esto ocurre producto de este genocida que está acá en el barrio y al que ningún vecino quiere. Su lugar es la cárcel”, expresó Maximiliano Reig, quien además de vivir a cuatro cuadras del represor, es sobrino de Jorge Enrique Pérez Catán, desparecido el 13 de enero de 1977.

“A mí me afecta mucho, mi abuela hoy tiene 97 años y si vos le preguntás a ella qué es lo que quisiera antes de morirse, te va a decir que es saber donde está su hijo”, compartió Reig con Infobae, que en esa línea agregó: “Mi tío estuvo en La Cacha, donde él estuvo. A mí me dan ganas de ir y decirle que me diga dónde está mi tío, que me deje llevarle a mi abuela los huesos de su hijo”.

“Esto se planificó desde la paz, de que esta persona vea que podemos repudiarla pasándola bien”, destacó el vecino, también parte de  la organización del festival y que no descartó una nueva iniciativa a modo de protesta pacífica, para los festejos de carnaval en la “Plaza de los lápices”.

Uno de los momentos más emotivos de la tarde fue la lectura de una carta de Mariana Dopazo, “ex hija de Miguel Etchecolatz”, tal y como ella se define. “A mí que no me la vengan a contar, nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa. Quienes conocemos su mirada sabemos de qué se trata”, dice en uno de los pasajes.

La jornada finalizó cuando los vecinos se acercaron por única vez  hasta el vallado que protege la casa en la que se encuentra el genocida y colgaron las imágenes de sus 965 víctimas. Etchecolatz estuvo a cargo de al menos 21 centros clandestinos de detención, tiene 6 condenas por crímenes de lesa humanidad, incluidas cuatro cadenas perpetuas.

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